Lanjarón, puerta natural de la Alpujarra, de la que Pedro Antonio de Alarcón diría que es un “sueño de poetas”, con su espectacular caserío blanco recostado a las faldas del cerro del Caballo en el que su población puede presumir de ser una de las más longevas del planeta; la ciudad que los árabes llamaron al-anyarun, lugar de abundantes aguas, dando ya nombre a su tesoro más reconocido, el agua mineral con propiedades medicinales que le dan fama y la convertirán en “ciudad-balneario” a partir del siglo XVIII.
Además del Balneario, el más visitado de Andalucía, que con las aguas de sus seis manantiales ofrece tratamiento natural para dolencias como el reumatismo, artrosis o las afecciones del hígado y riñón, el visitante puede visitar el Museo del Agua en el que se pone de manifiesto la simbiosis e importancia del elemento líquido con el entorno. Imprescindible es recorrer el barrio Hondillo y sus callejuelas, típicamente alpujarreño, que sorprende al visitante con sus tinaos, las numerosas fuentes y pilares que ofrecen la preciada agua al viajero, fachadas con hornacinas, flores y macetas.
